La distancia es determinante para frenar el COVID-19, pero en el caso de los pueblos indígenas de Bolivia ese factor se ve alterado cuando surgen otras necesidades. Según los dirigentes, el aislamiento de las comunidades imposibilita el ingreso de personal médico; demora la llegada de medicamentos, equipos e insumos; complica el acceso a alimentos de primera necesidad y reafirma la indiferencia estatal con este sector. Todo esto los expone y vuelve vulnerables frente a la propagación del nuevo coronavirus en sus territorios. “Que Dios no permita que ese virus ingrese a nuestras comunidades porque sería algo catastrófico. Como no tenemos medicinas, alimentos ni médicos, pedimos a Dios que no llegue”, dice esperanzada y convencida Marqueza Teco, presidenta de la Sub Central de Mujeres Campesinas del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis).

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